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Historia del World of the Warcraft Capitulo 5 Tercer Parte

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Historia del World of the Warcraft Capitulo 5 Tercer Parte

Mensaje por Abaddon el Jue 29 Ago 2013, 15:26

EL FIN DE LA ETERNIDAD

Con el heroico sacrificio de Grom Hellscream, el Señor del Foso
Mannoroth fue derrotado, y la maldición demoníaca que había esclavizado
a los orcos llegó a su fin. Entonces, las fuerzas combinadas de orcos y
humanos se adentran en el bosque de Ashenvale para construir una
fortaleza donde ambas fuerzas puedan enfrentarse a la Legión, sin saber
a ciencia cierta contra qué van a enfrentarse.

Sin saberlo, entre las sombras otro enemigo los acecha. Tyrande
Whisperwind, la Sacerdotisa de la Luna, líder de las Centinelas Elfas
Nocturnas durante más de diez mil años, cree que la presencia de los
extranjeros solamente traerá dolor a su encantada patria. La arquera
Shandris Feathermoon interrumpe a Tyrande mientras esta se encuentra en
comunión con el bosque. La Sacerdotisa siente que algo oscuro se acerca,
pero no se encuentra segura de su identidad. Shandris sugiere que pueden
ser los pieles verdes que asesinaron a Cenarius, pero Tyrande cree que
hay algo peor, por lo que convoca un búho invisible para explorar el
área. El ave mágica vuela sobre el bosque y descubre la base de la
Alianza y la Horda, donde los nuevos aliados planean talar los árboles
para construir su fortaleza. Este hecho irrita a Tyrande, por lo que
ordena a las Centinelas repeler cualquier intento de los extranjeros de
penetrar en Ashenvale.

Conforme las tropas de Tyrande exploran el área, encuentran una tribu de
furbolgs. El anciano chamán de la tribu se prepara para movilizar a su
pueblo, debido a que siente que una malvada presencia se avecina sobre
el bosque. Sin embargo, muchos de los miembros de su tribu se han
extraviado en su viaje a la aldea, y el chamán solicita a la Sacerdotisa
ayudarle a buscar a los fulborgs perdidos, a lo que Tyrande accede.

Durante su trayecto al asentamiento enemigo, Tyrande va liberando
furbolgs cautivos, por lo que el chamán decide ayudarla en su combate
enviándole a sus mejores guerreros. Con la aldea furbolg evacuada,
Tyrande prepara su ataque contra los extranjeros, los cuales están
comandados por el Duque Corazón de León, un paladín de Lordaeron que
siguió a Jaina hacia Kalimdor. Mientras hay una encarnizada batalla
entre las Centinelas y los extranjeros, repentinamente la base es
atacada por una inmensa ola de muertos vivientes y demonios. Superados
en número, Tyrande ordena a sus fuerzas replegarse en la profundidad del
bosque.

Tres horas más tarde, en algún lugar en las faldas del Monte Hyjal,
Tyrande y sus arqueras sobrevivientes escapan de las fuerzas de la
Legión y el Azote, pero finalmente son acorraladas por la Guardia del
Apocalipsis, y las arqueras son asesinadas. Archimonde y Tichondrius se
materializan y confrontan a Tyrande, y ella se asombra de observar
nuevamente a Archimonde después de diez mil años. El demonio proclama
que la Legión ha vuelto para consumir Azeroth, y que esta vez, los
Kaldorei no podrán detenerla. En el momento en que la Guardia del
Apocalipsis se dispone a matar a Tyrande, ésta se fusiona con la sombra
y desaparece de la vista. Archimonde, urioso, ordena a la Guardia
encontrar a la Sacerdotisa antes de que escape de la zona. Tyrande, que
reaparece una vez que se han marchado, comprende que éste es el día
largamente temido por las Centinelas, en que la Legión reaparecería
sobre el mundo. Rápidamente, se adentra en el bosque para advertir a sus
hermanas.

Aprovechando la noche, Tyrande se escabulle por el bosque, eludiendo las
patrullas de la Guardia del Apocalipsis y los puestos de observación de
los muertos vivientes, hasta que finalmente, luego de cruzar el río,
logra llegar a una base de las Centinelas, las Shadowleaves, la cual
está seriamente dañada. Shandris, quien se encuentra a cargo de la base,
le informa del sorpresivo ataque del Azote, pero Tyrande le advierte que
el verdadero enemigo es la Legión Ardiente. Como última salida, Tyrande
decide despertar a los druidas, quienes duermen el Sueño Esmeralda desde
hace diez mil años.

Al día siguiente, en las afueras de los sagrados Claros de la Luna, las
Centinelas se preparan para recuperar el Cuerno de Cenarius, un poderoso
artefacto que es el único que puede despertar a los druidas de su
profundo sueño. Sin embargo, los orcos, inadvertidamente, han construido
una base cerca de donde descansa el Cuerno, por lo que las Elfas se ven
obligadas a luchar con ellos para llegar al Cuerno. Para complicar las
cosas, los muertos vivientes han empezado a deforestar el bosque para
llegar al Túmulo donde descansa el druida más poderoso, que no es otro
que Shan?do Malfurion Stormrage. Si el Azote llega antes de que él
despierte, todo se habrá perdido.

El camino es largo y peligroso, pero finalmente, las Centinelas de
Tyrande logran derrotar a los ancestrales Guardianes del Bosque, hijos
de Cenarius que protegen el Cuerno, y recobrar a tiempo el precioso
artefacto. Tyrande sopla el Cuerno, y Malfurion se levanta de su sueño.
Inmediatamente, siente la cercana presencia de los muertos vivientes, e
invoca un ejército de treants para derrotar a los invasores.

Dos días más tarde, en la profundidad del Valle de la Primavera y el
Invierno, Malfurion agradece a Tyrande el haberlo despertado, pues él,
en la profundidad del Sueño Esmeralda, podía sentir la corrupción de
Kalimdor. Tyrande, sin embargo, se encuentra resentida con él por
haberla dejado sola por diez mil años. Malfurion sospecha que Archimonde
tratará de llegar a la cima del Monte Hyjal e intentará absorber los
poderes mágicos del Árbol del Mundo. Si esto sucede, la fuente de la
vida en Azeroth será destruida y el mundo estará condenado. Mientras
discuten esto, una cercana batalla entre humanos y muertos vivientes
capta su atención. Malfurion piensa que talvez los extranjeros podrían
ser útiles aliados contra la Legión, pero Tyrande no confía en ellos.
Los Elfos Nocturnos deciden establecer una nueva base y despertar a los
Druidas de la Zarpa, los cuales duermen cerca del Valle.

Durante el camino, ejércitos de la Alianza y la Horda luchan contra los
muertos vivientes, obligando a los elfos a movilizarse con cautela.
Entonces, se encuentran con los furbolgs que Tyrande anteriormente había
ayudado. Lamentablemente, estos no lograron escapar, pues al acercarse a
una fuente a beber agua, ésta había sido corrompida, y los furbolgs se
habían vuelto locos y violentos. Profundamente dolida, Tyrande se ve
obligada a acabar con ellos. Para horror de los elfos, una parte del
bosque lentamente ha caído bajo el influjo maligno de un oscuro
espíritu, el cual deberá ser destruido para poder restaurar a los
ancestrales espíritus del bosque. Finalmente, luego de destruir a un
grupo de Ancestros corrompidos por los Sátiros de Ticondrius, Malfurion
y Tyrande llegan al Valle, y usando el Cuerno de Cenarius, Stormrage
despierta a los Druidas de la Zarpa.

A la mañana siguiente, en las cavernas de los Túmulos Profundos de Monte
Hyjal, Malfurion y Tyrande buscan a los Druidas de la Garra. Malfurion
previene a sus tropas, pues los Túmulos Profundos han estado sellados
por casi tres mil años, por lo que no se sabe que oscuras criaturas
habrán hecho su hogar en los perdidos túneles. Adicionalmente, Malfurion
no sabe como los Druidas de la Garra responderán al ver a los otros
Elfos Nocturnos por primera vez desde que entraron en el Sueño
Esmeralda. Tyrande lo apresura, pues mientras más tiempo pase, más
corromperá el poder de la Legión los bosques de la superficie.

Luego de luchar dentro del laberinto con una horda de arañas
gigantescas, Tyrande y Malfurion se topan con una tribu de furbolgs. En
ese momento, Tyrande observa que aquel chamán que había ayudado, había
logrado escapar de la corrupción de sus hermanos, y que una pequeña
parte de la tribu sobreviviente se había escondido en las cavernas. Sin
embargo, el chamán había sido mordido por una araña venenosa. Para
salvarlo, Tyrande busca una fuente mágica de la vida, cuyas aguas
restauran la salud del chamán. Una vez más, en retribución, el chamán le
otorga un poderoso Talismán de lo Salvaje, para que los Elfos invoquen
la ayuda de los furbolgs siempre que la necesiten.

Continuando su viaje, en la parte más profunda de la caverna, encuentran
una enorme puerta cerrada. Tyrande no recuerda qué se oculta tras la
puerta, pero Malfurion le dice lo que ésta representa: la prisión de
Illidan Stormrage, su hermano gemelo. Tyrande cree que Illidan sería un
perfecto aliado contra los demonios y los muertos vivientes, pero
Malfurion no concuerda, pues Illidan es demasiado peligroso como para
traerlo de nuevo a la superficie del mundo. Tyrande, furiosa, declara
que solamente Elune puede prohibirle cualquier cosa, y penetra a la
prisión junto a sus Centinelas para liberar al Cazador de Demonios.
Malfurion, resignado, continúa junto a sus druidas la búsqueda de sus
hermanos.

Malfurion, finalmente, alcanza el corazón de los Túmulos, pero para
penetrar debe luchar contra un grupo de Guardianes Wildkin, los cuales
defienden a los ?dioses oso?. Stormrage se preocupa por esto, dado que
los druidas normalmente se presentan con su forma de elfo, y no como
?dioses oso?. Más adelante, las fuerzas de Malfurion se enfrentan a un
pequeño grupo de dragones negros que se ha refugiado en la oscuridad de
las cavernas. Recordando la traición del Dragón Negro Neltharion en la
Guerra de los Ancestros, Malfurion los destruye. Sin embargo, el
siguiente descubrimiento del Shan?do es aún más terrorífico.

Los Druidas de la Garra habían estado en su forma de oso por tanto
tiempo, que habían sucumbido a sus instintos animales y se habían vuelto
feroces y poco inteligentes. El Cuerno de Cenarius los había despertado
ya, pero Malfurion necesitaba encontrar un lugar para hacer sonar de
nuevo el Cuerno y hacerlos entrar en razón. Los Druidas del Talón
invocaron sus poderes de ciclón, con el objeto de neutralizar a los
Druidas de la Garra sin hacerles daño. Pronto los druidas recapacitan y
vuelven a su forma de elfo, disculpándose con Shan?do Stormrage.
Rápidamente, todo el grupo vuelve a la superficie.

Mientras tanto, Tyrande y las Centinelas se adentraban en la prisión de
Illidan, luchando contra las Guardianas, una élite especial de Elfas
Nocturnas que hacen de carceleras. La prisión se encuentra fuertemente
resguardada, pero la fría determinación de Tyrande de derrotar a la
Legión la ayuda, y las Guardianas no son rival para las Centinelas.
Pronto, Tyrande llega frente a la formidable celda de Illidan. Allí,
debe enfrentarse a Califax, el poderoso Guardián del Bosque, hijo de
Cenarius. Califax le advierte que no debe permitir la salida del
traidor, sin embargo, Tyrande está decidida, y luego de una gran batalla
con el Guardián, la Sacerdotisa logra vencerlo. Después de diez mil años
prisionero bajo el subsuelo, la voz de Tyrande parece la de un ángel
para Illidan. Él le pregunta porqué ha venido, y ella le responde que
los demonios han regresado y que los Elfos Nocturnos, una vez más,
necesitan a su gran campeón. Illidan acepta ayudar, pero lo hará para
redimirse así mismo y no por los Kaldorei.

Una vez fuera de las cavernas, el grupo de Tyrande se encuentra con
Malfurion y los druidas. El reencuentro de los dos hermanos no es nada
alentador: Malfurion le recuerda a Illidan su traición, y éste le
reprocha el haberlo aprisionado, a lo que Malfurion responde que fue
consecuencia de sus propios crímenes. Illidan le recuerda que ambos
lucharon juntos contra los demonios, pero solamente él fue encerrado.
Tyrande interrumpe la discusión y arenga a los hermanos a reconciliarse
para poder derrotar a la Legión, pero Malfurion no quiere tomar parte y
se marcha con los druidas.

Al anochecer siguiente, en lo más profundo de los corrompidos bosques de
Felwood, Illidan saborea su libertad. El Cazador de Demonios quiere
probarle a su hermano que no es un villano, que los demonios ya no
tienen control sobre él. En ese momento, sobre una cercana colina,
aparece una tétrica figura: es Arthas, el Caballero de la Muerte. Ambos
empiezan a luchar, pero conforme avanza la pelea, se dan cuenta que sus
fuerzas están muy equiparadas y podrían seguir luchando por siempre, por
lo que Illidan le pregunta a Arthas qué es lo que realmente busca, y el
Caballero de la Muerte le explica que un Señor del Terror, llamado
Tichondrius, tiene bajo su control un poderoso artefacto, que es el que
corrompe el bosque. Este artefacto es nada menos que la Calavera de
Gul?dan, el brujo orco, que Tichondrius ha rescatado del colapso de
Draenor luego de que Ner´zhul abrió los portales. Arthas desea que
Illidan robe este artefacto, pues la derrota de la Legión sería muy útil
para ?su Maestro?. Illidan le pregunta por qué ha de creerle, y Arthas
le responde que su maestro sabe que la verdadera obsesión de Illidan es
el poder. La Calavera de Gul?dan le dará al Cazador de Demonios
verdadero poder, y todos sus enemigos serán derrotados. Una vez cumplida
su misión, Arthas se aleja. Sucumbiendo a su antigua adicción a la magia
y al poder de la que siempre fue esclavo, Illidan guía a sus fuerzas
para atacar a los guardianes de la Calavera.

A pesar de poseer dos bases de Sátiros y Ancestros corruptos que
protegen una puerta demoníaca, y estar reforzados por cientos de
guerreros esqueletos, las fuerzas de la Legión no pueden detener el
avance del Cazador de Demonios, quien barre con ellos como antaño lo
hiciera, utilizando para ello las poderosas Espadas Curvas de Azzinoth.
Derrotados los guardianes, Illidan se dispone a destruir la Calavera de
Gul?dan. Sin embargo, su adicción le ataca una vez más. En lugar de
destruir para siempre la Calavera, reclama su poder para sí. Al consumir
sus oscuros poderes, Illidan sufre una monstruosa metamorfosis y se
transforma en un híbrido de Elfo Nocturno y Demonio, con el suficiente
poder para derrotar al mismo Tichondrius. Una nueva y terrible batalla a
lo largo del bosque de Felwood se desarrolla entre Illidan y las fuerzas
de Tichondrius.

Finalmente, luego de un enorme combate, Illidan encuentra al Nathrezim
rodeado por su guardia personal. Tichondrius no reconoce a Illidan, y el
Cazador de Demonios reta a Tichondrius a una batalla. Aunque el Señor
del Terror tiene inmensos poderes, la combinación de los poderes
demoníacos de Gul?dan y la magia elfa de Illidan ahora lo hacen un
retador impresionante, y Tichondrius el Oscuro es finalmente derrotado.

Mientras Illidan se encuentra exultante por su victoria sobre el Señor
del Terror y sus nuevos poderes, Tyrande y Malfurion llegan. El Shan?do
pregunta al demonio qué ha hecho con su hermano y no le reconoce hasta
que Illidan explica sus acciones. Entonces, ambos elfos se enfurecen al
ver que Illidan sacrificó su alma para vencer a Ticondrius, y el
Archidruida inmediatamente expulsa a Illidan de Kalimdor para siempre.
Illidan se da media vuelta, y se adentra en el bosque, derribando los
árboles a su paso.

LA BATALLA DEL MONTE HYJAL(La instance localizada en las Cavernas del Tiempo. )

Y ahora, es mi turno de menguar y tomar mi lugar entre las leyendas
del pasado.?

Dos días después, en un tranquilo claro del Monte Hyjal, Tyrande y
Malfurion discuten acerca de un sueño que el Shan?do tuvo la noche
anterior. Malfurion soñó que un cuervo lo llamaba hacia ese claro.
Tyrande se encuentra impaciente pues las preparaciones para el combate
contra la Legión no pueden esperar. En ese momento, Thrall y Jaina
Proudmoore llegan al claro, refiriendo que ellos fueron llamados a ese
lugar también. Tyrande les deja claro que los orcos y los humanos no son
bienvenidos en Ashenvale.

Justo en ese instante, un gran cuervo aparece entre los líderes y se
metamorfosea en el Profeta. Una vez más, habla a los héroes sobre la
unión de todos los ejércitos como única opción para salvar al mundo de
los demonios. Cuando Malfurion pregunta al Profeta acerca de su
identidad, el misterioso viajero finalmente revela sus secretos.

Él es la razón del regreso de la Legión. Hace treinta y cuatro años, él
abrió el Portal Oscuro y trajo a los orcos al mundo de Azeroth. En el
proceso, inadvertidamente dejó pasar a los agentes de la Legión Ardiente
a la realidad mortal. Por sus crímenes, fue asesinado por sus amigos.
Luego de su muerte, la guerra devastó los reinos del este por muchos
años, dejando muchas regiones desoladas Ahora, finalmente, ha regresado
para redimirse de sus pecados y hacer lo que tenía que hacer desde el
principio. El es Medivh, el Último Guardián de la Orden de Tirisfal, y
ha venido para unir a las razas mortales contra los enemigos de todo lo
que vive. Los héroes, paralizados por las grandes revelaciones, acuerdan
rápidamente unir sus fuerzas contra Archimonde el Profanador y la Legión
Ardiente.

A la mañana siguiente, cerca de la cima del Monte Hyjal, los Elfos
Nocturnos, la Horda y la Alianza planean su defensa de la montaña. Jaina
aparece en la reunión y porta terribles noticias. Archimonde, la Guardia
del Apocalipsis, los Infernales, los Señores del Foso, los Señores del
Terror, los Sabuesos del Infierno y el Azote se encaminan hacia el Árbol
del Mundo, y llegarán a las bases de los aliados en cualquier momento.
Malfurion revela que los Elfos Nocturnos derrotaron a la Legión hace
diez mil años, y gracias al Árbol del Mundo, son inmortales. Ahora es el
momento de devolverle ese poder al Árbol del Mundo para que él les pueda
ayudar a repeler a Arquimonde y salvar Azeroth de la aniquilación. El
Shan?do inmediatamente parte hacia la cima de Hyjal para planear la acción.

Mientras tanto, los otros acuerdan que los Centinelas de Tyrande
proveerán soporte y ayuda a las bases de la Alianza y la Horda y las
protegerán del avance de la Legión. Esto le dará a Malfurion tiempo
suficiente para preparar las defensas de Nordrassil. Antes de que la
reunión se deshaga, Tyrande se disculpa con Thrall y Jaina por mal
juzgarlos y ella les da la bendición de Elune. Los cuatro líderes saben
que muchos de sus valientes caerán ese día, pero si el plan de Shan?do
Stormrage funciona, no morirán en vano.

En ese momento, Shandris alerta que Archimonde el Profanador ha dado la
orden de ataque, y las fuerzas de élite de los demonios de la Legión
junto a los guerreros del Azote asaltan la montaña. Ayudado por tres de
sus más grandes lugartenientes, el temible Señor del Foso Azgalor, el
Nathrezim Anetheroc y el Lich Jaina y sus humanos, altos elfos y enanos
levantan una gran resistencia con sus torres y barricadas. Al final, la
base de Jaina es la primera en caer, aunque las fuerzas de Arquimonde
sufren grandes dificultades. Sobre las ruinas de las fortificaciones de
lady Proudmoore, Arquimonde levanta una nueva base.

La Legión avanza hasta la base de la Horda, y luego de una gran defensa
por parte de los orcos, los tauren y los trolls Darkspear, finalmente
logran derrotarlos. Archimonde confronta a Thrall, amenazándolo con
destruir a su raza por rebeldes, pero el joven orco le responde que
ellos, al fin, son libres. Thrall finalmente es rescatado por Jaina. Una
vez más, los defensores se ven obligados a retroceder ante el feroz
ataque de los invasores. Ahora, únicamente la base de los Elfos
Nocturnos de Tyrande resiste el ataque. Aun así, los ejércitos mortales
logran infligir un gran daño a las fuerzas de Archimonde, y se ganan un
poco de tiempo para que Shan?do Stormrage finalice la trampa.

La Alianza, la Horda y los Elfos Nocturnos hacen su defensa final en
base de los Kaldorei, y la batalla llega a su punto álgido. Archimonde,
minimizando la gran resistencia de los ejércitos mortales, desata toda
la furia de la Legión y el Azote. Olas de muertos vivientes y Guardianes
del Apocalipsis chocan contra los defensores del campamento de Tyrande y
luchan contra los venerables Ancestros y treants. Sabuesos del Infierno
atacan a los poderosos magos humanos, chamanes orcos y druidas elfos
nocturnos, y Dragones de Hielo y Gárgolas atacan desde los cielos,
mientras las Centinelas les lanzan cientos de flechas y los Wyvern,
Grifos y Quimeras luchan por sacarlos del espacio aéreo. Iracundos
guerreros esqueletos, necrófagos, zombis y abominaciones se enfrentan a
las disciplinadas fuerzas de los paladines, los fusileros enanos, los
hechiceros altos elfos, los guerreros orcos, los poderosos tauren, los
trolls Darkspear y las cazadoras elfas nocturnas de Shandris. Los
furbolgs, bajo el mando de su chamán, en retribución a la ayuda que
tantas veces recibieron de Tyrande, se han unido a la batalla. Los
Trolls Oscuros, cuyas tribus pueblan Ashenvale, han comprendido que la
única salvación de su raza es aliarse con Tyrande y los suyos, aunque
sea como mercenarios. Heridos, disminuidos, los defensores se retiran
hasta el Árbol del Mundo. Shandris Feathermoon ha caído heroicamente
defendiendo Nordrassil. Archimonde, sintiendo la victoria al alcance de
la mano, arrasa la montaña, derribando al suelo las estructuras de los
Elfos Nocturnos. Seguro de su triunfo sobre las razas mortales, el
Eredar inicia el ascenso de Nordrassil y se prepara para drenar su poder.

Sin embargo, Malfurion informa a sus aliados que las defensas están
completas y que Arquimonde camina directamente a la trampa del Shan?do.

Tomando el Cuerno de Cenarius en sus manos, Malfurion lanza un largo
sonido que no se escuchaba desde la Guerra de los Ancestros. Uno por
uno, los Espíritus del Bosque dejan los árboles de Ashenvale y comienzan
a rodear el Árbol del Mundo y a Archimonde. El demonio se da cuenta de
lo que ocurre, pero es tarde. Los poderes combinados de Nordrassil y los
Espíritus de Ashenvale son superiores al Señor de los Demonios, y la
energía es tan poderosa, que finalmente, Archimonde se consume.

Con su último aliento de agonía, Archimonde explota y envía una onda de
fuego de arrasa con el bosque. Cientos de acres son quemados, y
Nordrassil sufre severas quemaduras. El Líder de la Legión Ardiente es
destruido. Asombrados y confundidos, los demonios huyen hacia los
bosques, donde más tarde serán cazados y muertos.

Medivh observa como los ejércitos de las razas mortales celebran su
victoria. Miles de vidas se han perdido y el mundo de Azeroth ha sido
severamente dañado. Sin embargo, si los humanos, los orcos y los elfos
nocturnos pudieron dejar atrás los viejos rencores y unirse, talvez el
mundo aún tiene esperanzas.

Su tarea está completa. Medivh se prepara para dejar Azeroth para
siempre y tomar su lugar entre las leyendas del pasado.

Abaddon
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