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Historia del World of the Warcraft Capitulo 5

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Historia del World of the Warcraft Capitulo 5

Mensaje por Abaddon el Jue 29 Ago 2013, 15:21

TERCERA GUERRA

Nunca escuchamos las antiguas profecías.
Como tontos, nos dejamos llevar por los viejos rencores.
Y peleamos por muchas generaciones.
Hasta el día que del cielo llovió fuego
y un nuevo enemigo vino contra nosotros.
Ahora, ha iniciado el círculo de la destrucción
porque el Reino del Caos ha llegado finalmente??
La Profecía

PRIMERA PARTE: LAS SECUELAS DE LA SEGUNDA GUERRA

LA BATALLA DE GRIM BATOL, EL DIA DEL DRAGON

De una vieja canción enana.

En las vastas montañas de Khaz Modan hay una antigua ciudad enana
llamada Grim Batol. Dicen algunos que una vez perteneció a uno de los
altos reyes Wildhammers, pero que hubo una gran guerra contra una
poderosa hechicera, y ahora la ciudadela y la fortaleza están
embrujadas. Criaturas malignas de repulsivas formas se mueven entre los
oscuros rincones de la abandonada ciudad. Sin embargo, sin conocerlo
previamente la Alianza, una gran fuerza de orcos continúa merodeando
libre entre las montañas. El clan Dragonmaw, liderado por un infame
brujo orco llamado Nekros Triturador de Cráneos, uno de los pocos brujos
orcos que no pertenecían al Concejo de las Sombras. Nekros se
consideraba más un guerrero que un mago, pero la necesidad de deberse a
su clan le había obligado a tomar el reto, más cuando durante la Segunda
Guerra un caballero le cortó una pierna.

Durante la ocupación de Khaz Modan por la Horda, en medio de la Segunda
Guerra, en la profundidad de una de las excavaciones de los enanos, los
orcos encontraron un poderoso y ancestral artefacto mágico que tenía el
poder de controlar a los dragones. Ante tal descubrimiento, Blackhand el
Destructor encontró la manera de obligar a una enorme dragona roja a
mandar a sus hijos a pelear por la Horda. Esta dragona no era otra que
la ancestral Alexstrasza, la Protectora de la Vida, la Reina de los
Dragones. Zuluhed, líder de los Dragonmaw, encomendó a Nekros la
vigilancia de este artefacto, llamado Alma del Demonio, y de la dragona
cautiva, en la abandonada ? algunos llaman maldita - fortaleza de Grim
Batol. Utilizando el Alma de Demonio, Nekros inflingía un profundo dolor
a su prisionera cuando ésta no cooperaba, obligándola a poner huevos.
Nekros continuamente abusaba de ella, mental y físicamente,
especialmente luego de la Segunda Guerra, cuando la poderosa dragona se
convirtió en la única arma verdadera de la Horda en contra de la
Alianza. Ella se consolaba con el hecho de que, cuando muriera, sus
niños ya no tendrían que obedecer al brujo. De esta manera, Nekros,
luego de la derrota de la Horda y la muerte de su jefe Zuluhed, se
disponía a crear un nuevo ejército con el cual barrer a los humanos.

Sin embargo, Korialstrasz, el legendario dragón rojo amante de
Alexstrasza, hacía ingentes esfuerzos por liberar a su amada. Utilizando
sus místicos poderes, el Dragón logró poseer el cuerpo de un noble
humano llamado Krasus y se infiltró dentro del Kirin Tor, el enigmático
concejo de magos que gobierna Dalaran, y continuamente usaba su posición
para abogar por la liberación de su Reina. Finalmente, al finalizar la
Segunda Guerra, el Kirin Tor decidió mandar a uno de sus agentes, el
joven mago Rhonin, llamado el Inconforme, a una misión de exploración a
Khaz Modan, pero Korialstrasz, aprovechándose de la situación,
secretamente le dio otra misión a Rhonin: liberar a Alexstrasza.
Rhonin era un mago que, durante la Segunda Guerra, accidentalmente
asesinó a los guerreros que conformaban su escuadrón, al tratar de
ejecutar un peligroso hechizo como parte de su misión. Por esta
atrocidad, fue puesto a prueba por el Kirin Tor al enviarlo a Khaz
Modan. Krasus, sin embargo, tenía otros planes para él. Enviándolo a
Grim Batol, Korialstrasz ordenó a Rhonin liberar a la Reina de los
Dragones. Para ayudarlo en su misión, el Dragón envió a Vereesa
Windrunner, una Ranger alta elfa, hermana menor de la legendaria Alleria
Windrunner, a escoltarlo hasta el puerto de Hasic.

Durante el trayecto, se encontraron con un grupo de paladines de la
Orden de la Mano de Plata, liderados por Duncan Senturus, quien también
había luchado en la Segunda Guerra. Prendado de la belleza de Vereesa,
Senturus decidió escoltarlos hacia Hasic, sin embargo, fueron emboscados
por dragones rojos controlados por los orcos. Duncan, mediante un ágil
movimiento, logró subir al cuello de uno de los dragones, y luego de
apuñalar al orco que lo montaba, entabló una feroz lucha con la bestia.
Finalmente, logró matarlo, pero sus heridas eran tan graves que murió en
el sitio.

Luego de honrar su memoria, los viajeros continuaron adelante. Vereesa
tuvo que defender a Rhonin de las acusaciones de los paladines, que
habían sido testigos del terrible ?crimen? del mago. Al llegar a Hasic,
el puerto entero había sido reducido a ruinas. El único defensor en
sobrevivir fue Falstad Dragonreaver, un enano del Clan Wildhammer de
Aerie Peak, quien era jinete de grifos. Muertos sus compañeros durante
un combate con los dragones, decidió acompañar a Rhonin y Vereesa cuando
estos decidieron cruzar el Gran Mar hacia Khaz Modan y dirigirse a Grim
Batol. Sin embargo, había una historia oculta que Rhonin y Vereesa no
conocían.

Neltharion el Dragón Negro, el Guardián de la Tierra, quien durante la
Guerra de los Ancestros había enloquecido, era el verdadero instigador
del conflicto. Diez mil años antes, durante la Batalla del Templo de
Azshara, Neltharion se había corrompido por la magia maligna de la
Legión Ardiente, y había abandonado a sus camaradas en plena batalla.
Mediante un formidable engaño, Neltharion había logrado que los otros
Cuatro Aspectos, los dragones protectores de Azeroth, cedieran parte de
su poder al poderoso artefacto Alma de Demonio, como prevención para un
futuro ataque de la Legión. Esto permitió que Ala de la Muerte (como se
hacía llamar el Dragón Negro) fuera el más fuerte de todos los dragones,
pues fue el único que conservó sus poderes intactos. Asimismo, Ala de la
Muerte se aseguró que los orcos hallaran el Alma del Demonio, pues sabía
que así podrían esclavizar a Alexstrasza. El malévolo plan del Dragón
Negro era subyugar a la dragona para que esta empollara sus huevos y
revivir a la extinta raza de dragones negros.
Para esto, Ala de la Muerte juró lealtad a la Horda, y en retribución,
los alquimistas goblin le hicieron una armadura de escamas de
adamantium, con la que el dragón era prácticamente invencible. Incluso,
construyó su propia ciudadela en la Península del Infierno, cerca del
Portal Oscuro. Luego de la Segunda Guerra y la consecuente derrota de la
Horda a manos de la Alianza, Ala de la Muerte se refugió en la volcánica
Blackrock Spire junto a otros dragones rebeldes. Blackrock Spire se
convirtió en un fortín impenetrable para los humanos.

Posteriormente, Neltharion, usando sus inmensos poderes, logró
transmutarse en un humano que se hacía llamar Lord Prestor.
Infiltrándose en la política de la Alianza, Lord Prestor logró
apoderarse del trono de Alterac y penetrar dentro de la familia real de
Lordaeron. Su plan era hacerse con el control de la ciudad estado de
Alterac, la cual había quedado acéfala luego de la derrota de su malvado
señor, el Baron Lord Perenolde, a manos de Uther Lightbringer.
Utilizando sus inmensos poderes mentales, Lord Prestor había logrado
ascender hasta los altos puestos de mando de la Alianza, pudiendo
controlar incluso las decisiones del mismo Rey Terenas y del Kirin Tor,
al punto que Terenas le prometió en matrimonio a su hija Calia Menethil,
hermana mayor del joven Príncipe Arthas. Advertido por su sirviente, el
oportunista goblin Kryll, logró enterarse del plan de Korialstrasz, por
lo que, volviendo a su forma de dragón, salió en busca de Rhonin.

Mientras tanto, el noble enano Falstad transportaba a Rhonin y Vereesa a
través del Gran Mar, sobre el lomo del grifo de Falstad, Molok. Durante
el vuelo, fueron nuevamente atacados por los dragones rojos de los
orcos. Sorpresivamente, fueron rescatados por Ala de la Muerte. Mediante
sus artimañas y manipulaciones, Ala de la Muerte secuestró a Rhonin,
pues planeaba utilizarlo para deshacerse de los orcos, y así, el podría
atacar a la dragona fácilmente y robar sus huevos.

Vereesa y Falstad decidieron rescatar a Rhonin, pero fueron conducidos a
una trampa elaborada por Kryll. Un trío de trolls, al mando del troll
tuerto Shnel, emboscó a la elfa y al enano, pero para su fortuna, fueron
rescatados por Rom y su banda de enanos, quienes habían sido enviados
por Korialstrasz para ayudarlos en la batalla que se avecinaba.
Entre tanto, Ala de la Muerte avisó a Nekros del inminente asalto de
Rhonin y sus aliados, y lo convenció de movilizar a Alexstrasza y sus
huevos hacia el despoblado, con el fin de apoderarse de ella más
fácilmente. Justo en ese momento, Rhonin y sus compañeros iniciaban el
ataque a Grim Batol. Aprovechando la confusión, Kryll, quien tenía sus
propios planes para el Alma de Demonio, trató de robar el artefacto, sin
embargo, no contaba con que Nekros había colocado a un enorme Golem de
Fuego para vigilar el Alma de Demonio, y el desafortunado goblin fue
incinerado.

Sin embargo, Neltharion no contaba con la astucia de Korialstrasz. El
Dragón Rojo había recobrado su forma bestial, y había reunido a los
otros Aspectos, Nozdormu y Malygos, para rescatar a Alexstrasza. Sin
embargo, los Aspectos eran demasiado débiles comparados con Ala de la
Muerte, debido a que el Dragón Negro tenía sus poderes intactos, y
además portaba su armadura de adamantium.

Cuando todo parecía perdido, Rhonin logra derrotar a Nekros y a su Golem
de Fuego utilizando un poderoso hechizo. Finalmente, el mago logra
destruir el Alma de Demonio. Ahora, con sus poderes completos, los
Aspectos logran derrotar a Ala de la Muerte. Alexstrasza, libre al fin,
se reúne con su amado, y decide tomarse su revancha, reduciendo a
cenizas la fortaleza de Grim Batol, con Nekros y su clan Dragonmaw
dentro de ella.
Los grandes planes de Nekros para reunificar la Horda bajo su mando han
sido rotos. Los pocos dragones negros sobrevivientes, viendo a su líder
perdido, se alejan hacia una distante tierra, al otro lado del mar, en
busca de la más poderosa hija de Neltharion, Onixia... La derrota del
clan Dragonmaw señala el fin de la Horda y de la furiosa sed de sangre
de los orcos.

KEL' THUZAD Y EL CULTO DE LOS MALDITOS

Muchos individuos deseosos de poder de todo el mundo acudieron al
llamado mental del Rey Lich desde Northrend. El más notable de ellos fue
sin embargo un archimago de Dalaran llamado Kel´thuzad, quién era uno de
los miembros más destacados del Kirin Tor, el concejo que dirigía
Dalaran. Era considerado un rebelde por años debido a su insistencia en
estudiar las artes prohibidas de la necromancia. Decidido a aprender
todo lo que pudiera del mundo mágico y sus maravillas sombrías, se
encontraba frustrado por los preceptos faltos de imaginación de sus
congéneres. A penas escuchó el poderoso llamado desde Northrend, el
archimago hizo todo lo posible por entrar en comunión con la poderosa
voz. Convencido de que el Kirin Tor era demasiado esquematizado para
obtener el poder y conocimiento inherentes a las artes oscuras, se
resignó a aprender lo que pudiera del inmensamente poderoso Rey Lich.

Dejando atrás su fortuna y prestigio político, Kel´thuzad abandonó el
Kirin Tor y Dalaran para siempre. Guiado por la persistente voz del Rey
Lich dentro de su cabeza, vendió sus vastas propiedades y gastó su
fortuna. Viajando solo muchas leguas en mar y tierra, finalmente llegó a
las heladas costas de Northrend. Con el propósito de llegar a Icecrown y
ofrecer sus servicios al Rey Lich, el archimago pasó las salvajes y
devastadas ruinas de Azjol-Nerub. Kel?Thuzad pudo observar la ferocidad
del poder del Rey Lich. Empezó a pensar que aliarse con el misterioso
poder del Rey Lich podría ser beneficioso y a la vez muy peligroso.

Luego de largos meses de viajar por las árticas y desoladas tierras,
Kel´thuzad finalmente llegó al oscuro glaciar de Icecrown.
Cuidadosamente se acercó a la ciudadela de Ner´zhul y se quedó asombrado
al observar como los silenciosos guardias muertos vivientes le dejaron
pasar. Kel´thuzad descendió profundamente en la fría tierra y encontró
un camino hacia el corazón del glaciar. Allí, en la profunda caverna de
hielo y sombras, se postró delante del Trono de Hielo y ofreció su alma
al oscuro señor de los muertos.
El Rey Lich estaba complacido con su último conscripto. Le prometió a
Kel'Thuzad la inmortalidad y gran poder a cambio de su lealtad y su
obediencia. Hambriento de conocimiento y poder, Kel?Thuzad aceptó su
primera gran misión: regresar al mundo de los hombres y fundar una nueva
religión que adoraría al Rey Lich como un dios.
Para ayudar al archimago a cumplir su misión, Ner´zhul dejó la humanidad
de Kel´thuzad intacta. Utilizaría el carisma del mago y lo cargaría con
poderes de ilusión y persuasión, con los que esperaba convencer a las
descomplacidas masas de Lordaeron. Entonces, una vez lograda su
atención, les mostraría un nuevo modelo de sociedad y una nueva figura a
la que llamar rey.

Kel´thuzad volvió a Lordaeron disfrazado, y durante el transcurso de
tres años, usó su fortuna e intelecto para formar una hermandad
clandestina de ilusos hombres y mujeres. La hermandad, a la cual llamó
el Culto de los Condenados, prometió a sus acólitos igualdad social y
vida eterna en Azeroth a cambio de su servicio y obediencia a Ner´zhul.
Con el paso de los meses, Kel´thuzad encontró muchos ansiosos
voluntarios por unirse a su nuevo culto, entre los sobre explotados
trabajadores de Lordaeron. Fue sorprendentemente fácil para Kel´thuzad
transferir la fe de sus ciudadanos en la Santa Luz en la oscura sombra
de Ner´zhul.

Con el éxito de Kel´thuzad en Lordaeron, el Rey Lich empezó sus
preparativos finales para su asalto contra la civilización humana.
Colocando las energías de la plaga en un número de artefactos
especiales, Ner´zhul ordenó a Kel´thuzad transportar estos artefactos a
Lordaeron, donde los escondería en varias villa controladas por el
Culto. Los artefactos, protegidos por los leales acólitos, actuarían
como generadores de la plaga, diseminándola entre las desprevenidas
granjas y ciudades del norte de Lordaeron.

El plan del Rey Lich trabajaba a la perfección. Muchos de los ciudadanos
de las villas del norte se contaminaron casi en forma inmediata. Como en
Northrend, los ciudadanos que contrajeron la plaga murieron y revivieron
como esclavos del Rey Lich. Los acólitos a la orden de Kel?thuzad
estaban ansiosos de morir y levantarse de nuevo al servicio de su oscuro
señor. Les emocionaba el prospecto de la inmortalidad como muertos
vivientes. Con la diseminación de la plaga, más y más feroces zombis se
levantaban en las tierras del norte. Kel?thuzad observó al creciente
ejército del Rey Lich y le llamó El Azote, el cual pronto marcharía
sobre las puertas de Lordaeron y barrería a la humanidad de la faz del
mundo.

UN HEREDERO FORZOSO

Mientras los Señores del Terror se encontraban complacidos con que la
verdadera misión de Ner´zhul hubiera finalmente iniciado, el Rey Lich se
conmovía dentro de los sombríos confines del Trono de Hielo. A pesar de
sus enormes poderes psíquicos y completo dominio sobre los muertos
vivientes, se daba cuenta de que era un prisionero en el bloque de
hielo. Y, debido a sus grandes poderes, sabía que los demonios lo
destruirían tan pronto completara su misión.

Sin embargo, aún le quedaba una esperanza de libertad, una posibilidad
de escapar a su terrible maldición. Si encontrara un huésped apropiado,
algún ingenuo que se debatiera entre la oscuridad y la luz, el podría
poseer su cuerpo y escapar de los confines del Trono de Hielo para siempre.

Una vez más, el Rey Lich expandió su vasta conciencia y encontró el
anfitrión perfecto?

UNA NUEVA GENERACION

Los años han pasado y una relativa paz se ha impuesto sobre Lordaeron.
El Rey Terenas y el Arzobispo Alonsus Faol han trabajado
concienzudamente en reconstruir el reino y mantener unida a las naciones
restantes de la Alianza. El sureño reino de Azeroth ha crecido y
prosperado nuevamente y ha restablecido su anterior poder militar bajo
el liderazgo del joven y visionario Rey Varian Wrynn IV. Uther el
Portador de la Luz, el comandante supremo de la Orden de los Paladines
de la Santa Luz, mantiene la paz en Lordaeron acallando las disputas
entre civiles y buscando la alianza de las otras razas semi-humanas del
reino. El Almirante Proudmoore, cuyas poderosas flotas patrullas las
líneas de comercio mercante cazando piratas y merodeadores, mantiene el
orden sobre los mares. Pero una nueva generación de héroes ha capturado
la imaginación del populacho.

El único hijo varón del Rey Terenas, Arthas Menethil, se ha convertido
en un fuerte y apuesto joven. El Príncipe ha sido entrenado como un
guerrero por Muradin Bronzebeard ? hermano del rey Magni de Ironforge ?
y a pesar de su juventud, es considerado uno de los mejores espadachines
de Lordaeron. Cerca de la edad de diecinueve años Arthas ha ingresado a
la Orden de la Mano de Plata bajo el comando de Lord Uther. El poderoso
Uther, quien ha sido como un hermano para el Rey Terenas por muchos
años, considera al Príncipe más un nieto favorito que un pupilo. Aunque
terco y algo arrogante, nadie podía disputar la tenacidad y valentía del
Príncipe Arthas. Cuando las bandas de Trolls de Zul?Aman comenzaron a
atacar de nuevo las fronteras de Quel´thalas, Arthas rápidamente se ha
traído abajo las salvajes bandas y le ha puesto fin a su pillería.

A pesar de su heroísmo, los ciudadanos de Lordaeron se han obsesionado
con la vida personal del joven príncipe. Rumores acerca de un creciente
romance Arthas y Lady Jaina Proudmoore recorren la superficie del reino.
Jaina es la joven hija del Almirante Proudmoore, una amiga de la
infancia de Arthas. Sin embargo, la bella muchacha también es la pupila
estrella del Kirin Tor ? el Concejo de Magos de Dalaran. Bajo la tutoría
del reverenciado Archimago Antonidas, Jaina es considerada un prodigio y
una excelente estudiante de la magia y la investigación. Fuera del rigor
de sus deberes, Arthas y Jaina mantienen una cercana relación. Debido a
la deteriorada salud del Rey Terenas, los ciudadanos se encuentran
complacidos con imaginar el casamiento del Príncipe, para continuar la
línea real.

Hartos de la atención pública, Arthas y Jaina cuidan de mantener su
relación lo más privada posible. Pero Jaina, comprometida por sus
estudios en Dalaran, sabe que su romance no prosperará. Sabe que los
caminos de la magia son su verdadero llamado y que su amor es el
adquirir conocimiento ? no los tramposos aposentos de un trono. Para
frustración de los ciudadanos de Lordaeron, ambos amantes se han
apartado para enfocarse en sus deberes.

EL LETARGO DE LOS ORCOS

Mientras tanto, en las tierras devastadas por la guerra, los últimos
remanentes de la Horda peleaban por sobrevivir. Aunque Grom Hellscream y
su clan Warsong habían logrado evadir su captura, Kilrogg Ojo Tuerto y
el Clan Bleeding Hollow habían sido capturados y recluidos en los campos
de internamiento de Lordaeron.

Los meses pasaron, y más orcos eran emboscados y colocados en los campos
de internamiento. Cuando los campos empezaron a sobre-poblarse, la
Alianza se vio forzada a construir nuevos campos en los planos del sur
de las Montañas Alterac. Para mantener y suplir apropiadamente el
creciente número de campos, el Rey Terenas impuso un nuevo impuesto a
las naciones de la Alianza. Este impuesto, junto con las crecientes
tensiones políticas sobre los bordes en disputa, creó un sentimiento de
gran disconformidad. El frágil pacto que habían forjado las naciones
humanas en su más oscura hora podría romperse en cualquier momento.

Además de esta división política, muchos de los guardias de los campos
comenzaron a dar la noticia de que un cambio inexplicable se estaba
dando en los orcos capturados. Los esfuerzos orcos por escapar de los
campos o incluso sus deseos de pelear entre ellos iban decreciendo en
frecuencia con el tiempo. Los orcos se estaban volviendo cada vez más
somnolientos y letárgicos. Aunque pareciera difícil de creer, los orcos
? una vez la raza más agresiva que jamás se viera sobre Azeroth ? habían
perdido completamente su deseo de luchar. El extraño letargo confundió a
los líderes de la Alianza y decidieron estudiarla antes de que los orcos
despertaran de nuevo.

Algunos especulaban que una extraña enfermedad, contraída solo por
orcos, era la causa del creciente letargo. Pero el anciano Archimago
Antonidas de Dalaran, líder del Kirin Tor, tenía una hipótesis distinta.
Recogiendo lo poco que pudo encontrar acerca de la historia orca,
Antonidas aprendió que los orcos habían caído bajo la terrible
influencia del poder demoníaco por generaciones. Especuló que los orcos
habían sido corrompidos por estos poderes mucho antes de su primera
invasión sobre Azeroth. Claramente, los orcos habían contaminado la
sangre orca, y los había convertido en los brutos con sobrenatural
fuerza, dureza y agresión.

Antonidas pensaba que el letargo generalizado de los orcos no era una
enfermedad, sino la consecuencia de la ausencia racial de las volátiles
brujerías que los había convertido en osados guerreros sedientos de
sangre. Aunque los síntomas eran claros, Antonidas fue incapaz de hallar
una cura para la presente condición de los orcos. Además, muchos de sus
camaradas magos, de acuerdo con algunos pocos líderes notables de la
Alianza, argumentaron que hallar una cura para los orcos podría ser una
aventura imprudente. La conclusión final de Antonidas fue que los orcos
necesitaban una cura espiritual.

EL SEÑOR DE LOS CLANES

Ellos te llaman monstruo.Pero ellos son los monstruos, no tú.Taretha
Foxton Prisión de Durnholde

El guardián en jefe de los campos de internamiento Aedelas Blackmoore,
observa los orcos cautivos desde su prisión fortaleza de Durnholde.
Orcos brutales, del tamaño de dos hombres uno sobre el otro, deformados,
de brazos como troncos y afilados colmillos sobresalientes, de piel
verde. Un orco en particular siempre ha despertado su interés (y de
inmediato empieza a recordar): sobre los cuerpos ensangrentados de un
orco y una orca, Aedelas Blackmoore ha encontrado un niño orco
llorando?Han pasado casi diecinueve años desde aquel encuentro.
Blackmoore ha levantado al joven macho como un esclavo favorecido, y le
ha llamado Thrall. Aquel niño creció, y fue entrenado como gladiador,
con todo el salvajismo de un orco, pero también le han enseñado táctica,
filosofía y estrategia militar, con el intelecto propio de un erudito
humano. Después de todo, el corrupto guardián lo ha modelado para usarlo
como un arma para doblegar a toda la Alianza.

Fue entrenado y golpeado por muchos, pero una mujer humana, Taretha
Foxton, concubina del general Blackmoore, se convirtió en su enfermera y
su mejor amiga. Mientras Blackmoore lo torturaba dentro del ring,
Taretha comenzó a escribirle cartas a su prisión, y él se las
contestaba, pues ella le había enseñado, secretamente, a leer y
escribir. Ella le enseño todo lo que Blackmoore le negaba: el amor, el
respeto, y el honor. Thrall se convirtió en un erudito. Conocía historia
del arte, poesía, literatura. La joven chica humana había desarrollado
una fuerte empatía por aquel infante orco que había llegado luego de que
su hermano recién nacido, Faralyn Foxton, había muerto por una terrible
fiebre antes de la llegada de Thrall. Por esto, Taretha lo cuidaba
compasivamente como si fuera su propio hermano.

Desconociendo su pasado, el joven Thrall ha crecido como un fuerte y
hábil orco, y sabía, en su corazón, que la vida de esclavo no era para
él. Conforme maduraba, se entera de la suerte que ha corrido su gente,
los orcos, ha quienes jamás ha conocido: después de su derrota, muchos
de ellos han sido colocados en campos de internamiento. Rumoran que el
antiguo líder de los Orcos, Doomhammer, ha escapado de Lordaeron y se ha
ocultado en las montañas. Solamente un solitario clan continúa sus
operaciones en secreto, tratando de evadir los ojos vigilantes de la
Alianza. Su maestro, Jaramin Skisson, estaba muy asombrado con la gran
inteligencia que el joven orco demostraba, pero Lord Blackmoore la
atribuía a que Thrall había crecido entre humanos, despreciando el gran
potencial del orco. Blackmoore encargó a Sergeant, veterano soldado
apostado en Durnholde, de entrenar a Thrall como gladiador. Sergeant
enseñó a Thrall como balancear su propia fuerza y usarla apropiadamente
contra el enemigo en la batalla.

La gota que derramaría el vaso, sin embargo, fue cuando Blackmoore, a
pesar de las vehementes protestas de Sergeant, forzó a Thrall a un
combate mortal contra un enorme ogro, que casi le cuesta la vida al
joven orco. El hábil pero inexperto Thrall decide escapar del fuerte de
Blackmoore y encontrar a otros de su clase, para lo cual recibe la ayuda
de Taretha y de Sergeant, a espaldas del general. Durante su primer
viaje, visitó los distintos campos de internamiento, y encontró que la
una vez poderosa raza orca había caído en un extraño letargo. Al no
encontrar los valerosos guerreros que esperaba descubrir, Thrall decide
salir en búsqueda del único jefe orco que nunca ha sido derrotado, Grom
Hellscream, y su fiel clan Warsong. Sin embargo, la guardiana del campo,
Lady Remka, lo reconoce como el preferido de Blackmoore y de inmediato
avisa al malvado Lord del escape de su gladiador. Ayudado por el anciano
orco Kelgar y la esclava personal de Remka, Greekik, que crean una
diversión, Thrall logra huir hacia las montañas. Esto le costará su
puesto a Remka. En la inmensidad de las montañas Redrigde, una partida
de orcos liderada por Rekshak encuentra a Thrall y lo lleva ante Grom.
Rekshak nunca confió en Thrall hasta que el joven orco tomó la decisión
de abandonar el campamento para proteger a los Warsong de la ira de
Blackmoore.

Constantemente cazado por los humanos, Hellscream nunca abandonó la
inquebrantable voluntad de pelear por la Horda. Ayudado solamente por su
devoto clan Warsong, Hellscream ha continuado una guerra oculta contra
la opresión de su gente, tratando de liberar a los orcos de los campos.
Desafortunadamente, Hellscream nunca encontró la manera de liberar a los
orcos capturados de su letargo. El impresionable Thrall, inspirado por
el idealismo de Hellscream, desarrolla una fuerte empatía por la Horda y
sus tradiciones guerreras.

Buscando la verdad de sus orígenes, Thrall viaja hacia el norte en busca
del legendario Clan de los Lobos de Hielo. Thrall descubrió que los
Lobos habían sido exiliados por Gul´dan durante los primeros días de la
Primera Guerra. También se enteró de que era hijo del héroe orco
Durotan, el verdadero jefe de los Lobos de Hielo, quien junto a su madre
Draka, había sido asesinado salvajemente hace más de veinte años.
Dirigidos por sus nuevos líderes, el venerable chamán Drek´thar, ciego
de nacimiento, y por Nazgrel, un hábil guerrero que había tomado el
mando luego de la muerte de Durotan, los Lobos de Hielo habían logrado
sobrevivir ocultándose en las montañas.

Bajo el tutelaje Drek´tar, Thrall estudió la ancestral cultura
chamanística de su pueblo, que había sido olvidada durante la malvada
regencia de Gul´dan. Con el tiempo, Thrall aprendió a escuchar a los
espíritus de las fuerzas de la naturaleza: ha tener comunión con la
lluvia, el viento, la tierra, la tormenta, el fuego y los animales, y se
convirtió en un poderoso chamán, tomando su lugar como jefe de los
exiliados Lobos de Hielo. De Drek?tar, Thrall aprendió que era hijo de
Draka, hija de Kelkar, y descendiente de uno de los más grandes
guerreros de la historia orca, Rakhish. Fortalecido por los elementos y
conducido por ellos mismos salió en busca de su destino. Salvado por su
padre de la corrupción demoníaca al no beber éste la sangre de
Mannoroth, ahora Thrall siente el deber de liberar a sus hermanos
cautivos y sanar a su raza de la corrupción.

Bajo la enseñanza de Nazgrel y Rekshak, Thrall aprende a dominar el arte
de montar lobos. Snowsong, una tierna y valiente loba blanca, es
escogida para ser su compañera en las batallas, y desde ese momento,
siempre le será fiel. Snowsong no solo será su montura, sino su amiga fiel.

A su regreso a Lordaeron, se entera de que Grom Hellscream ha hallado al
anciano Señor de la Guerra de la Horda, Orgrim Doomhammer, quien ha
vivido como ermitaño muchos años. Para probar al joven, Doomhammer lo
reta a un duelo amistoso. Thrall logra vencer al anciano Orgrim y le
arrebata su mazo de guerra. Doomhammer, quien era cercano amigo de
Durotan, el padre de Thrall, decide seguir al joven y visionario orco, y
ayudarlo en su cruzada para liberar a los orcos cautivos. Apoyado por
muchos de los veteranos jefes, como Grom Hellscream, Doomhammer y
Jubei?thos, Thrall finalmente logra revitalizar a la Horda y darle a su
pueblo una nueva identidad espiritual.

Para simbolizar el renacimiento de su pueblo, Thrall ha regresado a la
fortaleza de Blackmoore en Durnholde a ponerle fin a los planes de su
antiguo amo mediante un asedio a los campos de internamiento. Su
victoria tendrá un precio: durante la liberación de uno de los campos,
Doomhammer cae en la batalla. Desde lo alto de la fortaleza, el ebrio
Blackmoore lanza la cabeza cortada de Taretha Foxton. Aún con este
terrible hecho, el noble orco le da una última oportunidad de defenderse
antes de matarlo. Negándose a atacarlo cuando estaba desarmado y en el
suelo, Thrall le propicia un arma a su antiguo amo, para luego acabar
con él en un combate cuerpo a cuerpo.

Thrall toma el legendario Martillo de la Tormenta, el Doomhammer, y se
coloca la armadura negra y plateada. Los jefes de clanes lo aclaman como
nuevo Señor de la Guerra. Durante los siguientes meses, la pequeña pero
volátil Horda de Thrall ataca los campos de internamiento y esquiva con
sus astutas estrategias, los mejores esfuerzos de la Alianza por
detenerlo. Respaldado por su mejor amigo y mentor, Grom Hellscream,
Thrall está decidido a que su gente no vuelva a ser esclava: ni de los
demonios ni de los humanos

EL REGRESO DE LA SOMBRA---CISMA DE LA ALIANZA

Han pasado cerca de quince años de paz, y rumores de guerra comienzan a
circular nuevamente. Los agentes del Rey han reportado que un joven y
astuto Señor de la Guerra ha levantado y guiado a los pocos clanes orcos
remanentes dentro de una nueva fuerza combatiente. El joven Señor de la
Guerra ha destruido los campos de internamiento y ha liberado a su
pueblo. La ?Nueva Horda?, a su paso, ha atacado la norteña ciudad de
Stratholme en su intento por rescatar a varios guerreros capturados. La
Horda incluso ha destruido Durnholde ? el fuerte que se encargaba de la
seguridad de los campos de internamiento ? y ha asesinado al oficial
mayor a su cargo. El Rey Terenas ha enviado a Uther y sus paladines en
busca del Señor de la Guerra, pero los astutos orcos no han podido ser
hallados. El joven Señor de la Guerra ha demostrado ser algo más que un
genio táctico, y ha logrado evadir los esfuerzos de Uther por
acorralarlo con sus ataques de guerrillas.

En los años siguientes a la derrota de la Horda, los líderes de varias
naciones de la Alianza comenzaron a discutir acerca de asuntos
territoriales y disminución de la influencia política. El Rey Terenas de
Lordaeron, el patrón de la Alianza, comienza a sospechar que el frágil
pacto que han forjado durante su hora más oscura no duraría por mucho
más. Terenas ha convencido a los líderes de la Alianza de enviar dinero
y trabajadores para ayudar a la reconstrucción de la ciudad de
Stormwind, que fue destruida durante la ocupación orca de Azeroth. Estos
impuestos, aunados al gran gasto de mantenimiento y operación de los
campos de internamiento orco, llevaron a muchos líderes (en particular a
Genn Greymane, de Gilneas) a creer que sus reinos estarían mejor fuera
de la Alianza. Thoras Trollbane, por su parte, consideraba a los orcos
demasiado peligrosos como para dejarlos vivos, por lo que propuso la
ejecución masiva. Al negarse los otros líderes a tal solución, el Señor
de Stromgarde decide retirar a la ciudad de la Alianza.

Para empeorar las cosas, los bruscos Altos Elfos de Silvermoon
rescindieron su participación en la Alianza, argumentando que el pobre
liderazgo de los humanos había llevado al incendio de sus bosques
durante la Segunda Guerra. Aunque Terenas tácticamente les recordó a los
elfos que nada de Quel?thalas hubiera quedado sin que cientos de
valerosos humanos no hubieran dado su vida para defenderla, los elfos
decidieron continuar su propio camino.

Aunque la Alianza se desintegraba, el Rey Terenas aún tenía aliados con
los cuales contar. El Almirante Proudmoore de Kul Tiras y el joven Rey
Varian Wrynn de Azeroth continuaron dentro de la Alianza. Así mismo, los
magos del Kirin Tor, liderados por el Archimago Antonidas, plegaron a
Dalaran a sostener las leyes de Terenas. El más fiel, sin embargo, fue
el poderoso rey Magni Barba de Bronce, quien juró que los enanos de
Ironforge tenían una deuda de honor con la Alianza por liberar Khaz
Modan del control de la Horda.

Además de los ataques del nuevo líder orco, el Rey Terenas se encuentra
perturbado por una nueva mala noticia desde el norte. Rumores de un
número creciente de ?cultos de la muerte? han llegado desde las
provincias del norte. Los cultos han proliferado entre los
descorazonados e insatisfechos ciudadanos de Lordaeron, ofreciéndoles la
?vida eterna? sobre la tierra en lugar de servir al Rey. Después de
muchos años de paz y quietud, el Rey Terenas reconoció que los problemas
solamente inician en su tierra. Aún así, siente cierta tranquilidad al
saber que cada vez que su tierra ha sido puesta a prueba, sus
defensores, nuevos y viejos, han sabido mantenerla a salvo.

DE SANGRE Y HONOR

Mientras las fuerzas de la Alianza discutían acerca de los próximos
pasos a tomar en contra de la naciente nueva Horda, la mayoría de los
ciudadanos de Lordaeron se entregaban a una vida libre de las pestes de
la guerra y la destrucción. Algunos soldados, famosos por sus hazañas
durante las Guerras Orcas, fueron premiados con tierras o riqueza
material. Uno de estos soldados fue Tirion Fordring, un paladín de la
Mano de Plata que, por sus grandes actos al servicio de la Alianza, fue
nombrado señor de la ciudadela de Mardenholde, en las afueras de
Stratholme. Tirion llevaba una vida apacible y distendida a la par de su
esposa, Karanda, y su hijo de cinco años, Taelan.

Un día que Tirion exploraba las afueras de Mardenholde, se encontró con
un viejo orco que vivía como ermitaño. Los dos inmediatamente se
lanzaron a la batalla, y en la intensidad de la misma, llegaron hasta
una vieja torre abandonada. Mientras combatían, una parte de la torre se
desplomó sobre Tirion y lo dejó inconsciente. Días después despertó para
descubrirse durmiendo en su cama, y se enteró de que había sido
encontrado inconsciente vagando sobre su caballo, Mirador, por su
ambicioso segundo al mando, Bartilas. Tirion se sentía tremendamente
confundido, porque después de valorar todas las posibilidades, el único
que había podido subirlo de nuevo al caballo, era el orco. Sin embargo,
durante su sueño, Bartilas había dado la advertencia de que los orcos se
preparaban para golpear la cercana villa de Hearthglen.

Una vez repuesto, Tirion regresó a la torre abandonada, donde halló
nuevamente al orco. Este dijo llamarse Eitrigg y le narró una
impresionante e incompresible historia, en la cual los orcos, muchos
años antes de invadir Azeroth, habían vivido en una sociedad noble
basada en los principios del chamanismo. Durante la guerra, Eitrigg
había desertado de la Horda al comprobar cuán viciosa y destructiva se
había vuelto.

Para Tirion aquello era algo que estaba más allá de su imaginación.
Sintiendo gran honor en el viejo orco, le prometió guardar en secreto su
existencia. De regreso a Stratholme, Tirion informó al pueblo que no
existía ninguna amenaza orca, pero Bartilas, aprovechando la situación
llamó al patrón de Stratholme, Salden Dathroham, quien organizó una
partida de cazadores y salieron en busca de los orcos. Al único que
hallaron fue a Eitrigg.

Cuando Tirion observa la captura de Eitrigg, inmediatamente cae en una
profunda depresión y a la vez enojo, por lo que atacó a los guardias de
la Alianza. Bartilas inmediatamente lo acusó de traición. Tirion fue
llamado a Stratholme para probar su lealtad.

A pesar de los ruegos de Karandra para que olvidara su honor y dijera lo
que la corte quería oir, Tirion le dijo que era su deber de paladín
decir la verdad y darle así un buen ejemplo a su hijo. Tirion narró a la
corte los hechos tal como sucedieron. La corte decidió que, aunque sus
intenciones eran justas, había atacado a soldados de la Alianza, por lo
que, para evitar su ejecución, resolvieron expulsarlo de la Mano de
Plata y condenarlo al exilio. Fue enviado a Lordaeron, donde Uther
Lightbringer en persona le desnudó de sus poderes como paladín y le
ordenó volver a Manderholde para prepararse para el exilio. Lo pero de
todo era que la corte de Stratholme, a instancias del malvado Bartilas,
había decidido que Eitrigg sería condenado a muerte por crímenes de guerra.

Esa noche, Tirion decidió cumplir con la promesa hecha a Eitrigg, por lo
que, ensillando a Mirador, viajó a Stratholme decidido a salvar al orco.
Mientras Eitrigg subía la escalinata donde sería colgado, sus verdugos
se vieron repentinamente sorprendidos por el ataque del expaladín. En
ese momento, la ciudad se vio repentinamente atacada por una enorme ola
de orcos, que crearon tal confusión, que los guardias de la Alianza se
vieron obligados a defenderla, lo que permitió a Tirion y a Eitrigg escapar.

Una vez a salvo en el bosque, Tirion se da cuenta que Eitrigg se
encuentra mal herido y agonizante. Sin poder hacer mayor cosa, invoca el
poder de la Luz para sanarlo, como una última esperanza. Sorpresivamente
y a pesar de que sus poderes le habían sido arrebatados, la Luz, que
conoce la bondad de los verdaderos corazones nobles, responde a su
llamado y Eitrigg es salvado.

Casi de inmediato, ambos se ven rodeados por orcos. Uno en especial,
montado sobre una hermosa loba blanca, portando una esplendorosa
armadura negra y plateada, se acerca a Eitrigg y le ofrece reintegrarse
a la Horda, que ha reiniciado un proceso de redescubrimiento de sus
tradiciones chamanísticas. Eitrigg no duda en aceptar.

Entonces, Thrall, el nuevo Señor de la Guerra de la Horda, saluda a
Tirion y los guerreros parten. Tirion, que bien pudo acabar muerto a
manos de los orcos, regresa a Manderholde al lado de su familia. Su hijo
Taelan, a la edad de veinte años, ingresará a la orden de la Mano de
Plata como paladín. Tirion está feliz de saber que su hijo ha aprendido
que su hijo, y él también, han aprendido una valiosa lección de sangre y
honor.

LA VISION DE THRALL


El sol cae lentamente sobre el ocaso. Sobre las tranquilas praderas la
brisa mece los últimos remanentes de la hierba. Una voz, por centurias
perdida, danza en el viento. ?Las arenas del tiempo se han ido, hijo de
Durotan?. De pronto, a lo lejos, una columna de humo, oscura, cual
terrible incertidumbre de la desgracia, se eleva desde el horizonte, y
al son de cientos de pasos que corren presurosos hacia la muerte, al son
de los tambores de guerra que hace siglos hicieron retumbar los
cimientos mismos de la tierra, corren las almas presurosas hacia su
destino de sangre y fuego. Allí, bravía, inmensa, desafiante, como la
soñaran los antiguos Señores de la Guerra, la fatal Horda marcha. ?Los
gritos de guerra de nuevo hacen eco en el viento. Los fantasmas del
pasado recorren la tierra, y gimen una vez más por el conflicto?. Al
horizonte la esperanza y la muerte se dan la mano y se transmutan en el
grito de la amargura. Una espada maldita se levanta y blande el destino
de los pueblos. Al son de trompetas, espadas, escudos, lanzas,
estandartes, la Alianza se lanza desesperada a la lucha. ?Héroes se
levantarán para asumir el reto, y guiarán a los suyos a la batalla?. El
cielo se ha enrojecido, y Thrall, de pie entre sus hermanos, mira como
del cielo descienden en medio de llamas enormes meteoros que evocan un
destino largamente olvidado. ?Y mientras los ejércitos mortales se
destruyen unos a otros, la Sombra Ardiente ha llegado para consumirnos a
todos?? Bajo el cielo lluvioso, una figura se materializa, y señalando
al jefe orco le ordena. ?¡Tú deberás conducir a la Horda para cumplir
con su destino!?. Repentinamente, todo es oscuridad. Y en la profundidad
del inconsciente, la voz reclama: ?Sígueme afuera?. Thrall ha
despertado. Un sudor frío corre por su frente. Afuera de su cabaña, solo
se escucha el chapoteo de la lluvia en la oscura noche?

Thrall despierta de su perturbadora visión para encontrar un cuervo
afuera de su madriguera. Para su sorpresa, el cuervo se ha transformado
en un hombre. Aún excitado, Thrall interroga al humano sobre sus
propósitos. Éste le responde que fue humano hace mucho tiempo, pero que
ahora es algo más. Ha proclamado ser un Profeta, quien ha de mostrarle
el destino de la Horda. Dispuesto a seguirlo, el Profeta ha anunciado al
líder orco el regreso de los demonios, y que Thrall debe conducir a la
Horda hacia el oeste, cruzando el Gran Mar hacia las ancestrales tierras
de un continente llamado Kalimdor. Solamente allí los orcos podrán
prevenir la destrucción que se avecina. Aunque Thrall inicialmente
desconfía de la misión, decide llevarla a cabo.

Tres días después, cerca de la costa de Lordaeron, los trabajadores de
Thrall han construido un campamento temporal para recibir a los
guerreros de los clanes. Sin embargo, se muestra turbado ante la
reciente información que ha recibido. El clan Warsong y su invencible
líder Grom Hellscream han sido capturados y se encuentran en una base
humana de la Alianza cerca del puerto. Los humanos lo incitan a
rendirse, pero las fuerzas de Thrall atacan la base. Destruyendo su
resistencia, Thrall y Grom deciden robar los barcos humanos para viajar
hacia el oeste. La Horda, luego de años sin un hogar, sale en busca de
su destino.

Abaddon
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